Aclarando la Historia

Por Dick York

No es mi intención aquí asumir una actitud de importancia en cuanto a los eventos que han tenido influencia en la historia reciente de la Iglesia Coreana. La mayoría de los cristianos coreanos nunca han oído mencionar mi nombre. Pero hay algunos que sí, y es a ellos a quienes va dirigido este tratado.

En el año 1958 primero llegué a Corea. Fue, para mí, una experiencia maravillosa de confiar en Dios. Dios me guió a mí junto con mi esposa y dos hijos para la ciudad coreana de Pohang, y luego a Taegu, para vivir, como familia, la vida de fe, y predicar el evangelio de Cristo. Durante el tiempo que vivimos en Taegu dos hijos más nacieron en nuestra familia.

No vinimos a Corea para empezar una nueva denominación o para predicar religión. Llegamos para predicar y enseñar a Cristo Jesús, y a éste crucificado. Creímos--y aún creemos-- que la verdadera cristiandad es "Cristo en vosotros". No es "la iglesia"; es Jesucristo. El apóstol Juan enseñaba que, "Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida esta en Su Hijo Jesús. El que tiene al Hijo tiene la vida, el que no tiene al Hijo no tiene la vida." 1 Juan 5:12

Estábamos concientes de que muchos Coreanos eran religiosos y que confiaban en sus membresías eclesiásticas y su asistir a los cultos para entrar al cielo. Nuestro mensaje era, y sigue siendo, “de cierto de cierto te digo, el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Al predicar junto con otros misioneros tales como Kil Gee Soo (Kees Klaus) de Holanda y Derek Earl de Gran Bretaña, las almas eran salvas. Algunos habían sido miembros de alguna iglesia, otros no. Nuestro objetivo no era el de sacarles de sus iglesias, ni el de empezar una nueva denominación. Sino que nuestro objetivo era llevarlos ante el Señor Jesucristo para que fueran librados de sus pecados y recibieran nueva vida con la certeza de la salvación. La Biblia nos enseña, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Antes de dejar los Estados Unidos, diligentemente oré y busqué el rostro de Dios en cuanto a como proceder en Corea. Previamente había estado durante una breve visita como invitado de Harry Holt, fundador de la organización Holt Children’s Services, quien era un querido amigo mío y un hombre de fe.

Había conocido que en las ciudades había mucha religión cristiana, muchas iglesias presbiterianas, metodistas, y de Santidad. Pronto aprendí al hablar con los misioneros de esas denominaciones y con muchos pastores, que muchas de estas denominaciones estaban siendo dirigidas por hombres que en sí mismos no tenían certeza de su vida eterna. Fue este descubrimiento el que me hizo ver la necesidad que había por el evangelio en Corea.

Al inquirir del Señor en cuanto a de que forma proceder cuando yo llegara a Corea, me sentí impresionado con cinco puntos:

1. Evangelizar. En San Marcos 16:15, dice “predicad el evangelio a toda criatura.” De forma que esto hicimos - de pueblo en pueblo, de casa en casa, en las calles, en los autobuses, en el mercado- en dondequiera hubieran personas. Definimos el evangelismo como en comunicar cuanto sea posible comunicar de la Palabra de Dios, a cuantas personas fuera posible, tan frecuentemente como fuera posible. Tratamos, en nuestra pequeña manera, hacer exactamente eso.

2. Seguimiento. Filipenses 1:28 dice, “Amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.” Tratamos hacer esto a través del discipulado personal, de uno en uno, a través de reuniones públicas, a través de grupos de estudio bíblico, y llevando a los jóvenes creyentes junto con nosotros a evangelizar. Como resultado de esto, algunos grupos bastante unidos se formaron, y pequeñas iglesias emergieron.

3. Conferencias. Sentimos que los pequeños grupos de dos o tres serían mejor servidos si se pudieran reunir para compartir de lo que Dios les estaba enseñando. El Señor nos ayudó a lograr convocar pequeñas e informales conferencias en las que los creyentes eran animados a simplemente enseñarse los unos a los otros lo que Dios les estaba enseñando de la Palabra al leer la Biblia.

4. Entrenamiento. En el año 1962 había ya un grupo de jóvenes creyentes a quienes Dios estaba llamando a la Obra. Así que se empezó un programa de entrenamiento en San Duk Dong de la provincia de Taegu con 12 participantes. Fue un esfuerzo tremendamente fructífero.

5. El quinto paso consistían en estar enviando. El propósito era simplemente repetir el proceso y enviar, no clérigos, sino discípulos entrenados al mundo para hacer mas discípulos. No se les confería título alguno. No se promovían las ambiciones personales ni la auto-promoción.

En Julio del año 1964 mi familia y yo regresamos a los Estados Unidos. En mi inocencia nunca entendí de la rivalidad que estaba presente entre los estudiantes del programa de entrenamiento. Entre ellos habían hombres muy dotados- hombres que llegarían a ser prominentes -de manera honrosa y deshonrosa, dentro de la comunidad cristiana. Ya no puedo trabajar con ellos. Reconozco su celo, su constancia en perseguir sus metas, y algunas de las cosas que enseñan. Pero, al cabo han aplicado los principios aprendido al afán de lograr sus propios objetivos.

A través de los años, mi nombre ha sido asociado a sus programas y con cosas que yo jamás enseñé y que no puedo aprobar. Hasta el día de hoy recibo llamadas telefónicas de diferentes partes del mundo de personas que me asocian a mí con varios errores doctrinales y de práctica. Hasta he sido llamado el “padre de los herejes”. Es por esta razón que fui animado a aclarar la historia.

La intención de esto no es la de lanzar un ataque personal contra individuos por que el Señor conoce mejor que yo el corazón de los hombres involucrados. He conocido buen fruto que ha salido del ministerio de los hombres en cuestión. De manera que no estoy excluyéndoles del Cuerpo de Cristo. Repito, estos son hombres que amo, pero creo que algunas de sus doctrinas y que algunas de sus prácticas son aborrecibles.

El sectarismo

El sectarismo es un problema espiritual que el apóstol Pablo trató en su epístola a los Corintios. Trató con muchos problemas en esa carta. Pero todos los problemas brotaban de la carnalidad, que fue evidenciada por su espíritu sectario, que es el primer tema que Pablo trató en la carta a los corintios.

Los primeros dos versículos nos revelan a quienes le escribía - “a la Iglesia de Dios que está en Corintio, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro.”

Sabemos que no todos estos santos estaban de acuerdo el uno con el otro por lo que leemos en los versículos 11 y 12. Pablo había sido informado por los de la casa de Cloé que había entre ellos contienda. Uno decía, “Yo soy de Pablo”, y otro, “Yo soy de Apolos”, etc. Pabló les exhortó. Él no buscaba establecer su propia iglesia. Ellos habían sido llamados a la comunión del Hijo de Dios, Jesucristo.

En 1 Corintios 3:1-4 el les dice que son carnales; y que por ellos les tenía que tratar como a carnales. ¿Por qué? Por causa de su espíritu sectario que promovía la envidia, el pleito y las divisiones. Eran carnales y caminaban como hombres. El verso 4 dice, “Porque diciendo el uno” Yo ciertamente soy de Pablo’ y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?”

Este es un problema serio en el cuerpo de Cristo. Existe hoy en día. Muchos predicadores usarían estos versículos para aplacar las divisiones entre su gente dentro de sus organizaciones, pero el cuerpo de Cristo es mucho más amplio que cualquier una organización o denominación. Comprende a todos aquellas que han invocado a Jesucristo y le han reconocido como su Señor.

Por varias razones existen las organizaciones y las denominaciones. Es una realidad con la que debemos vivir. Pero un espíritu sectario nos hace llegar a identificar nuestra relación con Cristo por nuestra membresía en una secta, y excluye del cuerpo de Cristo a todos los que no son uno de nuestros miembros.

El apóstol Pablo no aprobaba de eso, y tampoco lo aprueba el Señor Jesús.

Aquellos que son líderes, o miembros de un grupo sectario, apuntan al éxito de su crecimiento como evidencia de la aprobación de Dios - los números equivalen a la bendición. Pero el crecimiento numérico no siempre es una justa medida de la salud espiritual. Como evidencia esta verdad podríamos señalar al Islam, al Catolicismo, al Mormonismo, a la Sociedad Atalaya o “Watchtower” (los testigos de Jehová) y a muchas denominaciones cristianas también, algunas de las cuales empezaron con el buen ministerio de hombres sinceros, honrados y piadosos, que gozaron de la unción del Espíritu de Dios, cuyos únicos motivaciones era exaltar el nombre del Señor Jesús y propagar su Evangelio. Con el pasar del tiempo, conforme ellos o quienes les seguían se enamoraban con su evidente éxito, la obra llegó a tener preeminencia, desplazando a Cristo como el centro. Ese cambio de enfoque cambió la naturaleza del ministerio de la obra de Dios a la del hombre.

En tal caso, llega a ser importante el que tú estés asociado a “nuestra obra” para poder ser reconocido como un verdadero creyente. La profesión de todo creyente que “no es de los nuestros” empieza a ser tratada con sospecha. En algunos casos, la forma en que uno conteste ciertas “preguntas de prueba” llega a tener mayores consecuencias que el fruto del Espíritu en determinar la validez de aquella persona.

Una de estas preguntas es, “¿Tiene usted pecado?” Si la respuesta es “sí”, entonces al que respondió se le dice, “usted no es salvo”, no importa lo positivo que sea su testimonio.

Para ser justos, concedemos que la pregunta, claro está, surge del hecho de que un alto porcentaje de los cristianos profesantes no ha experimentado la regeneración, y están confiando en algo de su misma obra para entrar al cielo. Eso puede ser la asistencia a una iglesia, el bautismo, las buenas obras, o algún entrenamiento teológico, ninguno de los cuales tiene relevancia en alcanzar la entrada al Reino de Dios. “por que por gracia sois salvos por medio de la fe. Y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe.

Pero para realista, todo genuino creyente experimenta lo que el apóstol Pablo le dijo a los creyentes de Galacia. “Por que el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, y éstos se oponen entre sí…” Todos estamos familiarizados con este conflicto.

El Apóstol Pablo le dijo a los creyentes, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Estas palabras harían que la mayoría de los creyentes duden en decir, “No tengo pecado”.

Entonces, ¿qué es lo que provoca tal pregunta? Es la verdad de que las Escrituras nos enseñan que hemos sido crucificados juntamente con Cristo. Por ende, estamos muertos al pecado, y lo que muere es librado del pecado. El pecado, entonces, ya no tiene dominio sobre nosotros. Estas son verdades que aceptamos por fe. Dios quiere que veamos desde su perspectiva. La pregunta, entonces, tiene méritos si es que esta diseñada con el fin de introducirnos a nuestra nueva posición en Cristo. Pero como pregunta de prueba para determinar la validez de la fe de uno, es casi certera en provocar la respuesta “equivocada”. De esta manera se conduce a la persona que hace la interrogación a creer que nadie es salvo excepto los que están en su grupo porque son los únicos que responden correctamente. El resulta llega a ser una convicción que se va esparciendo y creciendo de que la salvación solo se encuentra en “nuestra denominación”.

Pragmatismo

Cuando el Señor Jesús nació, había en el mundo un sistema religioso enteramente desarrollado. Era un sistema que abrazaba mucha tradición humana, intriga política, y una buena porción de corrupción. Esta es la naturaleza de la religión. Es parte del sistema del mundo. Al final, fue ese sistema religioso el que exigió la muerte del Señor Jesús.

Pedro, predicando el día de Pentecostés dijo que, “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole [Jesús]”. Pedro, al decir esto, que esas manos inicuas solo podían hacer lo que Dios había determinado que se hiciera. Empero, esas manos religiosas eran manos inicuas.

Jesús era el apóstol de Dios (Hebreos 2). Pero no vino en forma de un líder religioso. Vino como un simple carpintero. Solo fue un predicador viajero durante una décima parte de su vida. No tenía educación, no tenía títulos, ni credenciales teológicos. No endoso sus sistemas religiosos, ni tampoco empezó uno nuevo. Predicó la verdad y manifestó al Padre a los hombres que Dios le dio. Les ordenó a ellos hacer lo mismo.

Uno de los “problemas” que Jesús tuvo fue que no tenía reconocimiento del mundo. No le conocieron a él, por eso a nosotros tampoco nos conocen. (1 Juan).

De hecho, Jesús no veía esto como un problema. No vino para ser reconocido ni aplaudido por la comunidad religiosa, ni para competir con ella. El veía a ese sistema religioso como parte del mundo.

La ley que Dios había dado en el Antiguo Testamento había producido el sacerdocio cuyo sacrificio final sería el Cordero de Dios. Jesús obviamente no se opuso a la ley, la cumplió. Lo que si oponía era la versión de la ley propuesta por el sacerdocio, y la corrupción que acompañaba a su práctica religiosa. Era una manifestación exterior de falsedad que Dios había condenado (Isaías 58), y que Jesús mismo había exhortado. Sus mas grandes denuncias fueron reservadas para sus líderes religiosos. Jesús vino para salvar a los pecadores; no se identificaba con los Fariseos y los Saduceos con sus títulos y jerarquías religiosas.

Jesús instruyó a sus discípulos a no buscar el reconocimiento ni las aclamaciones. (San Lucas 22:25-27). Les dijo que evitasen los títulos de engrandecimientos, los cuales les pondrían unos más altos que otros. (San Mateo 23:2-12)

Estos principios fueron enseñados por mí y por con quienes compartí el ministerio. Pero con el pasar del tiempo, llegó a serles evidente a estos jóvenes cuyos ministerios empezaron a desarrollarse, que habría poca posibilidad de llegar a ser reconocidos por los líderes religiosos de alrededor de su nación a menos que tuviesen credenciales. La respuesta parecía ser la de asumir títulos. El título “Pastor”fue asumido, dando reconocimiento, si quizás no entre los clérigos, al menos sí entre las gentes.

Conforme jóvenes eran entrenados, ellos también recibían algún tipo de título- ya fuera el de “jundosaním” o el de “moksaním”, dando reconocimiento instantáneo y una autoridad superior a su madurez y a lo que su experiencia de vivencia les ameritaría. El resultado fue una perpetuación del sistema tradicional religioso instituido por los Fariseos Y Saduceos, introducido al cristianismo por la iglesia Católica, y extendido a los creyentes evangélicos por medio de la Reforma Protestante.

Aceptar la tradición religiosa a pesar de sus raíces no bíblicas era la cosa pragmática que se podía hacer. Acomodaba el deseo ambicioso de ser reconocido en el mundo religioso, y a la vez el deseo honesto de atraer mas grandes multitudes a los sitios públicos a escuchar el mensaje del evangelio.

El problema de ser pragmático en cuanto a esta instancia es que perpetúa el sistema que ha impedido el modelo de la iglesia cual fue puesto por Jesús y los apóstoles. La Iglesia no es una organización religiosa. Es un misterio no reconocido por el mundo. Es el cuerpo de Cristo. Nuestro pragmatismo oscurece esa definición de la iglesia, y la divide en organizaciones que compiten entre sí, y luego divide a cada una de esas organizaciones en dos grupos, los “clérigos” y los “laicos”, una barrera artificial pero que no se puede cruzar que paraliza el desarrollo de la más grande parte de los dones y de los ministerios disponibles.

El Error Doctrinal

De la manera en que Jesús estableció la Iglesia, estaba protegida en gran parte del error doctrinal. Cada congregación era gobernada por un número plural de ancianos, cuya autoridad individual se basaba en su edad, madurez espiritual, experiencia de vida, reputación y carácter.(1 Timoteo 3, Tito 1). El fundamento eran los apóstoles y los profetas. Bajo tal arreglo, era sumamente difícil introducir una herejía dentro de la asamblea local.

En un gobierno de jerarquía, si una persona con una cantidad de autoridad sin fin llegara a tener alguna “revelación” personal, o interpretación de las Escrituras, entonces esta se derramaría sin reto alguno a toda la iglesia, siguiendo su curso descendente de lo mas alto a lo mas bajo, y llegaría a ser aceptada como verdadera doctrina.

Tal es el caso en una doctrina donde a Juan el Bautista se le acredita con el haber traspasado todos nuestros pasados sobre el Señor Jesucristo al inicio mismo de su ministerio público. Parece, según entiendo la doctrina, que Juan es el anti-tipo del sumo sacerdote, quien, en el Antiguo Testamento, ponía sus manos sobre el chivo de la expiación poniendo así sobre el animal los pecados de Israel. Aunque aún no he determinado en mi propia mente cuales complejidades de error doctrinal podrían desarrollarse a partir de esta enseñanza sin fundamento, hay obvias inconsistencias con verdad del Nuevo Testamento, lo cual la hace potencialmente peligrosa.

Jesús llamó a Juan un profeta. (San Mateo 11:7-11) Aunque era hijo de Zacarías, un sacerdote según el orden de Abdías, su función fue la de profeta enviado específicamente para anunciar la venida del Mesías prometido- una voz que clama en el desierto. “Preparad el camino del Señor.” Nada se dice en las escrituras de que fuera él quien puso nuestros pecados sobre el Señor Jesús.

Pedro dijo que Cristo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz. Hasta el tiempo de su sacrificio, las escrituras declaran que fue sin pecado. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor. 5:21) Cuando nuestros pecados fueron puestos sobre Jesús, entonces él fue hecho pecado- fue identificado como el pecado personificado y murió en lugar nuestro, bajo la ira del juicio de Dios. Hasta entonces, fue el cordero sin mancha de Dios, sin mancha ni pecado.

No hay razón con fundamento bíblico para creer que Jesús cargara nuestros pecados mientras predicaba durante tres años antes de ser ofrecido. Esto parece haber sido la “revelación” personal de un hombre alto en el sistema de jerarquía, y que ahora ha sido diseminada por todo el mundo por luces inferiores que han abrazado este error por que les ha sido enseñado.

No le he adscrito validez alguna a estas doctrinas, ni tampoco apruebo de estas recién nacidas sectas, que terminan creando mayor división dentro del cuerpo de Cristo.

Traducido al español por Julio Hernández en San José, Costa Rica.

 


Evangelizar! Hacer Discipulos! Edificar al Cuerpo de Cristo!

 
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